lunes, 19 de agosto de 2019

Vivir sin compartir

Hace ya más de un mes que desactivé mi cuenta de Facebook e Instagram. Creo que este debe ser como mi quinto intento por dejarlas. Curiosamente esta vez ha resultado más sencillo. Probablemente porque muchos de mis contactos ya no usan con frecuencia facebook e instagram no me resultó nunca tan adictivo.

Una de las principales motivaciones que me han llevado a cerrar mis cuentas es tratar de recuperar mi capacidad de leer. Facebook y Twitter se convirtieron en fuentes inagotables e ininterrumpidas de estímulos, forzándonos a procesar la mayor cantidad de información posible  y de la forma más superficial posible. Esto creo que me ha hecho perder mi capacidad de concentración para leer textos complejos de manera voluntaria. y mi capacidad de disfrutar la literatura. 

Hace un par de años podía pasar días enteros sumergida en un libro, leer sin perder la concentración en una sala de espera, en el bus, en una banca en algún parque o en otros lugares más extraños. Ahora me se me hace muy difícil leer más de 20 minutos seguidos y  me cuesta horrores terminar los libros. Creo que gran parte de la culpa la tienen las redes sociales.


Mi segunda motivación es aprender a vivir mi vida sin importar lo que otros piensen de ella y disminuir mi involuntario deseo de mostrarle al el resto que mi vida es estupenda.  Todos lo hacemos, de manera inconsciente, usamos la redes sociales para mostrarle a nuestros nuestros bacanes momentos que muchas veces no son tan bacanes. 

miércoles, 14 de agosto de 2019

Vulnerables

Un día X se enfada con Y y no acude a él cuando este la necesitaba. Durante el ultimo tiempo X se venía sintiendo triste y abrumada. Y, quién  no entiende mucho lo que le pasa a X le pregunta qué es lo que ocurre. Como Y no lo hace del modo que X espera, esta se enoja. Y, quién no tenía malas intenciones se disculpa, tal vez no de la mejor manera pero lo hace. X no lo escucha y no acepta las disculpas y se marcha molesta. Y  sufre, se enfada por la actitud de X y responde al conflicto con más conflicto. X se enoja aun más.

Después de semanas sin hablarse se sientan a conversar, X quiere dejar todo atrás pero Y por otra parte se siente herido. Y le dice a X que no la culpa por no estar cuando la necesitaba, la culpa por enfadarse y no haber respondido a sus disculpas cuándo y cómo él esperaba, lo que hizo que se fuese a un sitio oscuro que no lo hizo sentir bien. X es ahora quien no entiende nada.

Con el paso de los días X se da cuenta de todo el aprecio que Y le tiene y todo lo frágil que él es ante ella. Y en el fondo está asustado, le tiene miedo al poder que tiene X para lastimarlo. X lo quiere y entiende que Y también la quiere, lo que los hace vulnerables frente al otro.

Pasan los días y Y sigue molesto y lejano, le habla poco y nada. X se entristece, ella lo extraña y solo quiere que vuelva a ser todo como antes pero no sabe cómo.