domingo, 18 de agosto de 2013

Amigos Nuevos

Cuando dejé Chile venía programada para empezar de cero. Me invadía una mezcla de sensaciones, desde la pena de dejar a todas las personas importantes para mi atrás, la emoción  por saber que tendría una nueva y posiblemente mejor vida, a la angustia y miedo por lo desconocido. Apenas llegué me sentí como una niña de 5 años, a la que había que enseñarle desde cómo cruzar la calle (porque aquí se maneja por la izquierda), a como comprar en el supermercado. Todo, absolutamente todo, era diferente a lo que yo estaba acostumbrada.

Aprendí rápido, creo que después de una semana ya me sentía cómoda en la ciudad, me había familiarizado con las preguntas clásicas de las tiendas y era capaz de distinguir que era caro y barato, en el contexto australiano por supuesto. Sin embargo, me tomó cerca 8 meses adaptarme a la sociedad, la que podríamos definir como una mezcla de relajo y buena onda pero sin mucha cercanía.

Los australianos son un encanto cuando tienes un problema, todo el mundo se detiene y tratan de ayudarte cuando les hablas en calles y les haces preguntas. Todos sonríen. El conductor del bus, la cajera del supermercado, el vendedor del 7 eleven, todos, te reciben con un hermoso hola, como estas? para terminar finalmente con un maravilloso que tengas un buen día. El paraíso no? Bueno lamentablemente, a pesar de tanta amabilidad y buena educación, son fríos.

Cuando llegué al departamento de Astro se demoraron como 4 meses en invitarme a almorzar con ellos y como 6 en invitarme a sus carretes. Antes con suerte me saludaban. Y no es que hayan querido ser malas personas conmigo, sino que no son son acogedores ni inclusivos. Se toman su tiempo. La barrera del idioma tampoco ayuda, si bien cada día creo que entiendo un poco más, aun siento que no estoy en la misma sintonía que ellos.

Ha sido difícil, pero también puedo decir que día es más y mas fácil. Ha sido también un aprendizaje tremendo, una lección de tolerancia. Porque la verdad es que yo no se si pueda decir que debo lidiar con los australianos porque tampoco son tantos, sino que la realidad es que debes lidiar con gente de todas partes del mundo, incluidos un gran puñado de asiáticos, los que más cuesta aceptar dado el choque cultural entre Oriente y Occidente.

La semana pasada cumplí 10 meses viviendo en Sydney y a pesar de todos los altos y bajos, creo que puedo decir que estoy contenta. Me faltan muchas cosas, muchas personas especialmente. Pero a pesar de todo cada día me sumerjo más y más en este mundo, y siento que avanzo con el. Amigos? No todavía, no al menos en el real sentido de esa palabra. Pero lo paso bien y todos los días aprendo algo nuevo!

lunes, 5 de agosto de 2013

Menos es mas

Jajajajajaja mejor me río. Este debe ver como mi blog numero 10 y aquí vamos otra vez. Mi último intento fue Tumblr, todavía existe pero hace tiempo que no subo nada. Veamos como nos va con este. Hoy vamos a empezar con menos es más..quería empezar escribiendo acerca de vivir en Sydney pero no me siento inspirada.

Menos es más es mi actual filosofía, es tan así que hoy agarre un montón de ropa de mi closet y la metí en bolsas dispuesta a regalarla. Algunos le llaman a esto ordenar, pero yo diría que es más bien desprenderse, una forma de vida que me comenzó a pegar más fuerte el pasado año, después de ver la entrevista de una mujer a la aspiro algún día ser. Aquí, su marido dice que lo que más le gusta de ella es su simpleza, el que sea una mujer poco pretenciosa. Cuando escuché eso admito que, probablemente debido a mi extrema sensibilidad por esos tiempos, me emocioné un poquito. Pensé que, y aun lo pienso, lo increíble que debe ser que la persona que te ama lo haga no porque eres las más linda ni la mujer perfecta, sino porque eres, tomando sus palabras: "tremendamente humana y sencilla".

Aproximadamente un año después de la entrevista, lo que equivale a dos o tres meses antes de este post, la vida me hizo finalmente click. El detonante fue todos esos enlaces críticos que compartí en Facebook sobre el consumo, el despilfarro, las colas de gente idiota esperando la inauguración de una tienda, o el nuevo Iphone. Un día, después todo ese debate intelectualoide acerca de donde se debía marcar el límite, de las risas por algunas conductas y por supuesto las declaraciones públicas del "nooo yo no soy así", me hice la autocrítica, empecé a buscar partes de mi en esos comportamiento que tanto condeno y tomé decisiones. Una de ella fue aprender a vivir con menos.

Fue liberador. Me di cuenta que habían un montón de conductas -algunas propias que no tenían ningún sentido. Como viajar con una o dos maletas gigantes llena de ropa que no te pondrás solo porque no puedes decidir que usarás. O comprar que se quedaran juntando polvo en tu closet solo porque no pudiste resistir la tentación. No, no más de eso. Y elegí volver a lo simple de la vida, a las pocas poleras y vestido relajados, al un par de sandalias cómodas, a las zapatillas regalonas y la chaqueta a prueba de todo..y ya...y sonreí.

No es que alguna vez haya sido excesivamente preocupada, el maquillaje rara vez estuvo en mi vida y jamás usé tacos. Sin embargo, mi mea culpa me dice que la apariencia me importó más de la cuenta. Cuando era adolescente siempre quise ser diferente, aun no entiendo muy bien por qué. Solía vestirme de la forma más rara posible sólo para no verme igual a los demás. Para qué? No tengo idea. En la universidad me volví media hippie/alternativa, quizás porque Gomez Millas -que es el campus donde pase los primeros años universitarios- influyó mucho en mi. Y después, cuando llegué a Beauchef, quería parecerme lo menos posible a los que estudiaban ahí, me parecían todos tan grises. Y así fue entonces como me teñí el pelo rojo y las puntas azules, me puse un aro en la nariz y me tatué la espalda.

Hoy Agosto del 2013, 2 años y medio después de haber terminado la universidad, creo que aun tengo algo de esa hippy/alternativa y me siento cómoda con eso. No me arrepiento de mi tatuaje tampoco. Sin embargo, toda esa parafernalia en mi apariencia, siento que se fue para no volver. Simplemente dejé de darle tanta importancia.

Tampoco es que no me importe nada mi aspecto, de hecho no creo que esté bien que a una persona no le importe nada, denota falta de autoestima. Pero me siento mucho más contenta así. Y no es que esté mal darle mucha, no me voy a sentar a juzgar a nadie. Cada persona debería actuar en base lo que la haga sentir mejor. Sin embargo, la filosofía del menos es más es un camino que YO elegí porque me hace feliz, me hace sentir menos apego a las cosas y me libera.

P.S: Perdón por la ausencia de algunos los acentos pero mi teclado es gringo y los que están, son gracias a el corrector de google en español que me deja ponerlos.