Hace un mes que volví de mi visita Chile pero he estado tan ocupada estos días que no he tenido tiempo de comentarla. Entre el trabajo que tengo que terminar porque mi supervisor me está presionando para que termine algo para un paper que el esta escribiendo, el estudio para la defensa de mi candidatura, más trabajo que terminar para lo que podría ser mi primer paper de primer autor y los preparativos para mis siguientes viajes, que no he tenido tiempo ni me mirar este lugar. En medio de toda esta locura decidí bajar un poquito mis revoluciones y escribir de algo que me da vuelta desde que llegué.
Antes de partir ha Chile estaba super emocionada, no había ido en 1 año y dos meses. Me moría de ganas de ver a mi familia y a mis amigos, comer comida chilena y sentirme en casa. El viaje fue agotador, pero estaba tan feliz de estar allí que cuando llegue como que se me olvidó que tenía sueño. La felicidad sin embargo pronto se transformo en incomodidad porqué me di cuenta que una parte de mi no pertenecía ahí. Las razones son varias, desde el shock cultural, el idioma, los amigos y familia que siguieron su vida sin ti.
El shock cultural al regresar después de vivir en un país desarrollado por más de un año fue grande. El primer día que salí a hacer tramites y usé el metro me sentí terrible, al bajarme y caminar entre un montón de personas en medio del estrés navideño me superó. De hecho me tuve que devolver antes porque volver a caminar por un Santiago repleto de gente que no te deja espacio fue demasiado, como que me ahogue. Votar también fue una experiencia desagradable. Mi casa en Santiago no estaá ubicada en un barrio muy elegante y el local donde me toca votar esta en un sitio peor. Sinceramente caminar entre la basura en un lugar con casi inexistentes áreas verdes me molestó. Camino a mi casa me sentí un poco culpable y comencé a repetirme una y otra vez, yo vivía aquí antes, yo vivía aquí, parezco vieja cuica, yo vivía aquí.
Lo del idioma no fue tan terrible. Primero aclaremos que no tengo casi ningún amigo latino en Australia, tampoco vivo con personas que hablen español por lo que hace mucho rato empecé a pensar en inglés. Como resultado, al llegar, si bien no se me olvidó el español, muchas veces me encontré traduciendo del inglés al español o simplemente diciendo algunas palabras en inglés en vez de en español porque son más cortas. Esto obviamente generó que todos se rieran de mi, me dijeron que era como escuchar una película doblada al español y olé o que andaba muy gringa. En todo caso esto me duró como dos semanas, después ya era una Chilena normal. Al volver a Australia me paso algo súper extraño también. Pensé que iba a llegar hablando inglés como las pelotas pero no. Me di cuenta lo mucho que entendía inglés ahora y lo mucha más fácil que era sentirme parte de las conversaciones. Si bien aun me siento excluida en algunas ocasiones ya puedo seguir el hilo y participar mucho más.
Con los amigos fue un poco amor, pena y odio. Mucho más amor que odio pero algo de odio hubo. Amor porque todo el mundo quería verme, me sentí súper querida y necesitada. Todos me recibieron súper bien. Descubrí lo mucho que extrañaba abrazar a la gente, estar en la misma sintonía en una conversación y entender todos los chistes. La parte triste es que ellos siguieron con su vida y yo seguí con ellos. Me perdí todos los cumpleaños, los detalles de las nuevas relaciones amorosas que comenzaron y terminaron, matrimonios, pagadas de piso, inauguraciones de departamento, defensas de tesis y un largo etc. Para mi siguen siendo las mismas personas, pero es como si se hubiesen congelado en mis recuerdos, no tengo nuevas experiencias con ellos. La parte del odio es que uno ahora es la gringa y cualquier comentario en contra de la sociedad chilena es considerado ofensivo, porque ella, la gringa, la que ya no vive aquí!!!
A la vuelta del viaje, ya en Sydney me quede con la sensación de que no era ni de aquí ni de allá. No pertenezco a este país, Australia, creo que nunca pertenecer aquí a pesar de que me gusta mucho. Y siento que pertenezco un poquito menos a Chile. Extraño a mis amigos chilenos y a mi familia y no me creo capaz de estar lejos toda la vida. Sin embargo mi vida afuera es mucho más sencilla y mucho más amigable. Me acostumbré a saludar y a despedirme sin importar si conozco o no a la persona, a dar las gracias por todo, a sonreír más, a caminar tarde por la noches sin miedo a que me roben, a que no fumen en mi cara, a hacer más deporte y a andar más lento, a ser más paciente y tolerante. En Chile yo jamás viví así.
La conclusión que saqué después de esto es que ahora me creo capaz de estar mucho más tiempo afuera sin ir a Chile de visita, mucho más tiempo del que yo pensé que iba a poder. Voy a volver, de verdad quiero volver, aunque sienta que perdí una parte de mi chilenidad aun me siento mucho más chilena que australiana. Ademas creo que hay tanto por hacer allá. Sin embargo creo que mi tiempo no es ahora ni será pronto.